El imbécil
Por: Fer
No le interesaba un caballero que abriera la puerta para que ella entrara, le
interesaba un hombre que supiera cómo abrir sus piernas para entrar él.
Estaba harta de buenas maneras, de esos personajes llenos de buenas
intenciones en la vida y de pésimas rutinas en la cama.
Se sabía dueña de una sexualidad arrolladora, consumida lentamente por un
entorno que premia la humildad fingida de las “damas” y censura la valentía de
quienes toman la iniciativa. Peor aún, no estaba segura de poder ser esa perra
que presumía consigo misma.



